Libro publicado en el año 2009, de autoría de Pablo Andrade, ilustrado con 44 especies de aves que habitan en la zona urbana de la ciudad y en sus alrededores. Esta obra fue publicada gracias al apoyo de Jan Hinloopen.
Orden: Apodiformes, Colibríes, Quindes. Familia Throchilidae La conforman en el Ecuador 133 especies.
Estos colores muchas veces metálico o iridiscente en los colibríes es producido por el efecto físico de la difracción o ángulo de la luz a cargo de unas estructuras (esquemocromos) que se encuentran en las plumas y que actúan a manera de prismas que descomponen la luz en el espectro del arcoíris, y no debido a pigmentación alguna.
Poseen la capacidad de cernerse avanzando y retrocediendo mientras se alimentan, habilidad única entre los colibríes. El ala de un colibrí (o dedos de la mano) puede rotar totalmente; los pies y patas son muy pequeños.
Los colibríes poseen cantos muy simples, agudos y nada melodiosos.
Son aves aguerridas que están peleando constantemente defendiendo su territorio y alimento, incluso atacan a aves de mayor tamaño; se alimentan principalmente de néctar por lo cual son muy importantes polinizadores de las plantas.
En los alrededores de la ciudad es una especie común.
Cola azul metálico con las timoneras centrales más verdes y una banda subterminal obscura. La hembra muestra una mancha postocular blanca, la misma que es ausente en el macho.
Hábitos: Es un colibrí muy llamativo de coloración y quizás uno de los más fáciles de encontrar en las áreas a campo abierto en la serranía. En la región de Loja es frecuente encontrarlo cuando está floreciendo la Flor de Madagascar Leonotis nepetifolia común en la vía Vilcabamba – Yangana, y en la ciudad de Loja es fácil escucharlo y observarlo en los alrededores del Parque Universitario visitando constantemente los árboles de Calistemo Callistemon lanceolatus; acostumbra salir en repetidos vuelos y generalmente vuelve al mismo sitio, aunque algunas veces son difíciles de descubrir.
Este colibrí generalmente es escondidizo y algunas veces se posa expuesto muy alto en los árboles en su copa, aunque también acostumbra alimentarse en los estratos bajos del bosque en algunos hábitats.
Su presencia es advertida por el canto del macho muy particular y alto de tono que se parece a un sonido metálico producido por el martillo golpeando el yunque, razón por la cual también se lo llama «herrero».
Esta obra se encuentra en exposición en el Museo Casona Cultural del Municipio de Loja. Bernardo Valdivieso y Rocafuerte esquina. Pablo Andrade, whatsapp: +593981286507